lunes, 12 de mayo de 2014

Marta Lamas: Lo que oculta el 10 de Mayo (Día de las Madres)

¿Qué encubre hoy el torrente discursivo y comercial del 10 de mayo? Por lo pronto, promueve la idea tradicional de la maternidad como un amor incondicional, que implica gran abnegación. Este mito recoge cuestiones reales -las madres sí suelen ser amorosas, generosas y abnegadas-, pero también encubre aspectos negativos o contradictorios del ejercicio maternal. Atrás de la imagen de la "madrecita santa" encontramos a madres agotadas, hartas, golpeadoras, ambivalentes, culposas, inseguras y deprimidas. El mito encubre los descuidos, aberraciones y crueldades que muchas madres -sin duda víctimas a su vez- ejercen contra sus hijos. Pero, sobre todo, la hipervaloración social de las mujeres como madres y el nivel de gratificación narcisista que alienta dificultan que ellas mismas vean ese "trabajo de amor" como una labor que requiere ser compartida y contar con apoyos sociales.

La capacidad femenina de gestar y parir es considerada socialmente como la "esencia" de las mujeres. Por lo tanto, las labores de cuidado de los seres humanos se ven como una cuestión que les corresponde "naturalmente" a ellas. La maternidad es un trabajo entretejido con la afectividad que recibe la mujer a cambio de dosis más o menos elevadas de gratificación psíquica y de poder en el campo interpersonal de la familia y la pareja. Sin embargo, su desempeño es desgastante y puede llegar a ser enajenante. La familia es el lugar del trabajo no reconocido de las mujeres, en su mayoría madres. 

La responsabilidad de las mujeres por este espacio privado limita su participación pública, sea laboral o política. Aunque se declara que la familia tiene superioridad moral sobre cualquier otro ámbito público, es evidente que no se prioriza políticamente a las familias con medidas que verdaderamente concilien el ámbito laboral con el doméstico: los horarios escolares no son compatibles con los laborales, escasean las guarderías, no hay servicios de cuidado para ancianos, ni lavanderías y comedores colectivos.

Cuando se habla de la maternidad sólo en términos de "destino sublime" se olvidan las horas/trabajo que implica; cuando se elogia la abnegación, se dejan de lado las privaciones que suelen acompañar el trabajo de crianza. Por otra parte, las embarazadas no consiguen empleo, las parturientas son maltratadas en los hospitales y las madres no cuentan con opciones de cuidado para sus hijos y familiares dependientes (discapacitados, enfermos o ancianos), lo que las limita laboral y cívicamente, además de cargarlas con el desgaste físico y emocional que supone atender solas a esos dependientes. Este trabajo de cuidado de los demás subordina socialmente a las mujeres y tiene consecuencias restrictivas en el ejercicio de su ciudadanía y su participación política.

El despliegue retórico del 10 de mayo echa una cortina de humo sobre la poca importancia real que se otorga a este laborioso, complejo y determinante trabajo. Y mientras la mayoría de las mujeres se conforma con la rosa roja o el regalito, las feministas seguimos insistiendo en leyes y medidas que descarguen a las mujeres de la atención de sus dependientes.

El País: Por qué los extremistas musulmanes temen la educación de las mujeres

Brutal, cruel, intolerable. Faltan palabras para describir la indignación que produce el secuestro de dos centenares de niñas en Nigeria. A la privación de libertad se une el agravante de que se trate de menores sin defensa posible ante un grupo de hombres armados, quienes además amenazan con venderlas como esposas-esclavas. Su excusa: las chicas se dedicaban a estudiar en lugar de haberse casado. ¿Estamos en el siglo XXI? ¿Cómo es posible que alguien se arrogue el derecho a decidir sobre la vida de otro?
"He secuestrado a vuestras hijas y voy a venderlas en el mercado, porque así me lo pide Dios. Chicas, tenéis que casaros”, ha explicado en un ominoso vídeo Abubakar Shekau, el líder del grupo yihadista nigeriano Boko Haram. (Nota: Boko Haram, como se conoce coloquialmente al grupo Congregación del Pueblo de la Tradición para el Proselitismo y la Yihad, suele traducirse como “la educación occidental es pecado”; desconozco la lengua hausa, pero existe un debate académico sobre esa interpretación).
Si no fuera por la gravedad de los hechos, las declariones de Shekau podrían descartarse como “otra tontería que se atribuye a Dios”. Al igual que antes hicieran los talibanes en Afganistán y Pakistán, los militantes de Boko Haram no sólo rechazan la escolarización femenina, sino que recurren a la violencia para desincentivarla. Aún está fresco el recuerdo del atentado contra Malala Yousafzai, cuya defensa de la educación de las niñas la convirtió en objetivo de los extremistas paquistaníes. (La joven, que se recupera en el Reino Unido, ha unido su voz a la campaña que pide la liberación de las muchachas nigerianas).
Resulta tentador hablar de “presión islamista contra el derecho a la educación de la mujer”, dado que ambos grupos recurren a las mismas tácticas para defender su interpretación del islam. Tentador pero peligroso. Más aún cuando pocos críticos se esfuerzan por diferenciar musulmanes de islamistas y yihadistas. Según escribo estas líneas, imagino con horror los comentarios islamófobos a la noticia del secuestro y me pregunto si sirve de algo intentar aclarar los conceptos.

Hay 1.500 millones de musulmanes en el mundo, concentrados en una franja que se extiende desde Indonesia hasta Marruecos, además de minorías significativas en varios países europeos, Estados Unidos y Australia. Resulta difícil calcular cuántos de ellos apoyan el islam político, pero los extremistas que respaldan la violencia (yihadistas) son claramente minoritarios a pesar del ruido mediático de sus (intolerables) acciones.
Centrándonos en el tema que nos ocupa, por cada atentado contra la escolarización de niñas pueden encontrarse sin esfuerzo numerosos ejemplos que ponen en entredicho que tal sea la actitud generalizada de los musulmanes. Desde las campañas de alfabetización femenina promovidas por Irán tras la Revolución Islámica, hasta el entusiasmo con que numerosas comunidades tanto en Afganistán como en Pakistán reciben la apertura de escuelas de niñas, pasando por la normalidad de la educación de las mujeres en Turquía, Indonesia o Malasia.
Los islamistas suníes por excelencia, los Hermanos Musulmanes, nunca se han manifestado en contra de que las mujeres estudien. Con todas las limitaciones de vestimenta y separación de sexos que se quiera, las chicas son mayoría en las universidades de Irán, Arabia Saudí, Qatar o Emiratos Árabes Unidos.
La educación de la mujer (y de la generalidad de la población fuera de las élites) es un fenómeno relativamente moderno en todo el mundo. En las sociedades tradicionales, se primaba la educación del varón sobre quien recaía la responsabilidad de sustentar a la familia. En aquellos países donde aún imperan sistemas patriarcales, y tal es el caso en los de mayorías musulmanas, pueden existir límites al nivel de estudios que se considera aceptable para las chicas, o el tipo de carreras que se perciben como femeninas; pero no oposición a su educación en general.
El recurso a la violencia para impedir la escolarización de las niñas ha surgido con el auge del extremismo islámico. Para los grupos yihadistas que luchan contra el Estado constituye uno de los objetivos menos arriesgados. Tachar la educación de “occidental” es una mera excusa. Sin formación, la gente resulta más fácil de manipular. De ahí, el desafío que suponen Malala y las niñas nigerianas.
La escuela aumenta la autonomía de las mujeres (las más educadas también tienden a casarse más tarde, tener menos hijos y a adquirir independencia económica). Eventualmente, eso les lleva a querer tomar las riendas de sus vidas y entonces ponen contra las cuerdas el sistema patriarcal, que los yihadistas justifican en la sharía, o ley islámica, dando así argumentos a quienes consideran misógino el islam. (The Guardian ha publicado un interesante reportaje donde jóvenes musulmanas de todo el mundo y edades similares a las secuestradas condenan esa acción y defienden su derecho a estudiar; ahora sería oportuno que autoridades religiosas tanto suníes como chiíes denunciaran el rapto.) 
Además del desafío de los yihadistas, Nigeria y Pakistán comparten otros elementos que sin duda ayudan a crear el caldo de cultivo donde florecen esas ideas retrógradas. Ambos, que tienen el dudoso honor de encabezar la lista de países con más niños fuera de las aulas, se acercan peligrosamente a los 200 millones de habitantes, están dirigidos por gobernantes corruptos y se caracterizan por una enorme desigualdad social. Uno de cada cinco niños que no van a la escuela en el mundo es nigeriano; otro paquistaní; cerca del 60% de ellos son niñas.
Hacer frente a la pobreza y la ignorancia resulta más eficaz para combatir el radicalismo que demonizar a millones de personas por los actos criminales de unos pocos. Nada puede justificar el secuestro de las niñas nigerianas, pero hay que evitar que el horror de esa acción conduzca a una espiral de odio entre comunidades, más aún en un país como Nigeria donde las susceptibilidades confesionales están a flor de piel.
Fuente: Blog El País

jueves, 1 de mayo de 2014

60 años de la entrada en vigor de la Convención sobre el Estatuto de Refugiados de 1951

El pasado 22 de Abril se cumplieron 60 años de la entrada en vigor de la Convención sobre el Estatuto de Refugiados de 1.951

Fue adoptada por una Conferencia de Plenipotenciarios de las Naciones Unidas el 28 de julio de 1951 y entró en vigor el 22 de abril de 1954. 

Con arreglo a la definición general enunciada en la Convención de 1951, es refugiado toda persona:
“Que, como resultado de acontecimientos ocurridos antes del 1°. de enero de 1951 y debido a fundados temores de ser perseguida... se encuentre fuera del país de su nacionalidad...”

Al correr del tiempo y con la aparición de nuevas situaciones de refugiados, se hizo sentir cada vez más la necesidad de que las disposiciones de la Convención de 1951 pasaran a ser aplicables a nuevos refugiados. Por lo que se elaboró un Protocolo sobre el Estatuto de los Refugiados

El Protocolo, después de ser examinado por la Asamblea General de Las Naciones Unidas, quedó abierto a la adhesión el 31 de enero de 1967 y entró en vigor el 4 de octubre de 1967. El régimen de protección internacional de los refugiados se rige por estos dos instrumentos centrales. Ambos establecen quién puede beneficiarse de la condición de refugiados y lo hace mediante unas cláusulas de inclusión. Una de las disposiciones dice:

“la persona debe tener fundados temores de persecución por una de las cinco razones que se establecen, a saber: la raza, la religión, la nacionalidad, la pertenencia a determinado grupo social u opinión política”
Así mismo este 13 de febrero de 2014 se cumplieron 30 años de La Declaración de Cartagena sobre los Refugiados que fue adoptada por el "Coloquio Sobre la Protección Internacional de los Refugiados en América Central, México y Panamá: Problemas Jurídicos y Humanitarios", celebrado en Cartagena, Colombia, del 19 al 22 de noviembre de 1984.

La Declaración de Cartagena sobre los Refugiados, contiene una definición ampliada de refugiado y por ende de su protección, que parte de lo dispuesto en la Convención de 1951 y el Protocolo de 1967 pero que adiciona nuevos motivos de persecución.

Según la definición del término refugiado contenida en la Declaración de Cartagena (Tercera Conclusión)

“...la definición o concepto de refugiado recomendada para la región es aquella que, además de contener los elementos de la Convención de 1951 y el Protocolo de 1967, considere también como refugiado a las personas que han huido de sus países porque su vida, seguridad o libertad han sido amenazadas por la violencia generalizada, la agresión extranjera, los conflictos internos, la violación masiva de los derechos humanos u otras características que hayan perturbado gravemente el orden público.”

La Declaración de Cartagena sobre los Refugiados a pesar que no es parte de un tratado internacional ha venido logrando reconocimiento en la región latinoamericana , al ser incluida por algunos países en sus legislaciones y en sus leyes. Funciona como un complemento de las definiciones de la Convención de 1951 del Protocolo de 1967 y del Estatuto del Acnur, aunque no las reemplaza. Es de gran importancia esta Declaracion, ya que su definición ampliada permite extender considerablemente el campo de aplicación del sistema de protección y asistencia a los refugiados.

DECLARACIONES ADOPTADAS DURANTE EL PROCESO CARTAGENA DURANTE 30 AÑOS:

1994: Declaración de San José sobre Refugiados y Desplazados Internos, que reiteró la importancia de la Declaración de Cartagena como una herramienta de protección y se refirió a la necesidad de abordar la grave situación de los desplazados internos en la región.

2004: Declaración y Plan de Acción de México, adoptados por 20 países, para fortalecer la protección internacional de los refugiados en América Latina, introduciendo por primera vez los innovadores “programas de solidaridad” en la región.

• 2010: 18 países adoptaron la Declaración de Brasilia sobre la Protección de Refugiados y Apátridas en las Américas. La Declaración recomendó la implementación del Plan de Acción de México como un marco regional para responder a nuevos retos en la región, como la apatridia y la protección en el contexto de flujos migratorios mixtos.

• 2012: Durante la primera reunión de la Comisiones Nacionales de Refugio de los Estados Miembros y Asociados de MERCOSUR, los países participantes apoyaron la organización de un evento para celebrar el 30° aniversario de la Declaración de Cartagena, “con el fin de adoptar una nueva Declaración y Plan de Acción para abordar los nuevos retos de la protección internacional de los refugiados en América Latina y el Caribe durante la próxima década”.


Fuente:

La Determinación de la Condición de Refugiados. ACNUR

Los Derechos Humanos y la Protección de los Refugiados. ACNUR

Foto: ACNUR